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Qué fue de la vida de Emiliano Kaczka

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Desde niño, Emiliano Kaczka (47) supo cautivar al público con sus inolvidables actuaciones en ciclos como PelitoClave de SolRegalo del Cielo y Alta Comedia. Está casado hace 11 años con Ingrid y fruto de esa relación nacieron sus dos hijas, Lucía (cinco años) y Lara (nueve). Hoy es abogado.

En plena crisis de 2001, la falta de trabajo como actor lo llevó a buscar nuevos rumbos y dejar atrás su faceta artística de la cual no se arrepiente. Incluso, no descarta volver en algún momento.

Estudio en la Escuela de Teatro de Buenos Aires (ETBA) de Raúl Serrano y, además de trabajar en televisión y cine, se subió a las tablas y fue parte de obras como YepettoPijama Party y Confesiones del pene, entre otras.

Todos los miércoles concurre al taller literario de Liliana Heker, donde asegura pasar una de sus mayores alegrías semanales. Actualmente tiene un blog llamado Vicio Despuntado en el que publica cuentos y relatos.

En diálogo con Teleshow, el actor habló de su decisión de alejarse de los medios, la relación con su hermano, Guido Kaczka, el mal momento que vivió con un productor de televisión y la crisis económica que atraviesa el país.

—¿Cuánto hace que no estás en el medio y por qué decidiste alejarte?

—Desde 2007. Después hice algunas participaciones, entre ellas, en la película La Mano de Dios, sobre la vida de Diego Maradona, una coproducción argentina-italiana donde interpreté el papel de Jorge Cyterszpiler (primer representante del ex jugador). Fue muy gratificante hacerlo. De todas maneras, la decisión de buscar nuevos rumbos empezó antes, entre 2000 y 2001, una época muy difícil que me hizo replantear varias cosas.

—¿Por qué fue una época muy difícil?

—Por la crisis que se vivía en aquel momento, la falta de trabajo. Los
actores (los artistas en general) son uno de los sectores que más sufren en
tiempos de ajuste. Me acuerdo que me habían iniciado el remate de mi
departamento por deudas de expensas y lo pude levantar gracias a un
préstamo de mi hermano, que con los años le pude devolver.

—¿Cómo es la relación con tus ex compañeros del ámbito artístico?

—Me quedaron muchos afectos que se mantienen en el tiempo, pero nos vemos poco. Nos frecuentamos mucho virtualmente: Facebook, Instagram y, alguna que otra vez, cuando podemos, nos encontramos.

 La decisión de buscar nuevos rumbos empezó entre el 2000 y 2001, una época muy difícil que me hizo replantear varias cosas

—¿Qué programas de la televisión actual consumís?

—Miro de todo, pero no me engancho con nada. Me gusta ver tele y siempre está prendida en casa.

—¿Ves los programas de tu hermano Guido?

—Sí, cada vez que puedo. Me entretiene el vértigo de los programas en vivo, que sus formatos varíen constantemente y la impronta que él impone. Tiene momentos geniales. Es un gran conductor.

Los hermanos Kaczka: Emiliano y Guido

Los hermanos Kaczka: Emiliano y Guido

—En algún momento se habló de que estaban peleados. ¿Fue cierto?

—Nos peleamos y amigamos desde chiquitos como pasa generalmente entre los hermanos. Pero nada especial. Te diría que nos llevamos muy bien, con saludables interrupciones.

—¿Te gustaría ocupar el rol de conductor o preferís la actuación?

—Nunca hay que descartar, pero no me veo en la conducción de un programa. Me formé como actor.

—¿Qué te reprochás de tu paso por los medios?

—Fueron épocas inolvidables, pero podía haberlas disfrutado aún más. Empecé a los diez años, crecí en una especie de burbuja novedosa como eran los programas infantiles de los 80 y después las tiras de jóvenes de los 90, y algunas cosas me costaban metabolizarlas. Creo que me faltaba conocer a la gente de igual a igual , «calle», le dicen, para poder dimensionar el trabajo en su debido punto. Situaciones que en ese momento me hacían sufrir, hoy me causarían risa. Es como tocó y no me quejo; después la experiencia me dio el peine y todavía no estoy pelado.

—¿Alguna vez sufriste algún abuso? 

—Tuve experiencias desagradables. Recuerdo una con un productor en ATC (hoy la TV Pública) cuando tenía 14 años. Él estaba en el control y le fui a preguntar cómo había quedado la escena que recién terminaba de grabar. Me dijo que a mí como actor siempre me faltaba algo y era porque no había debutado sexualmente, y que tenía que empezar con un hombre, como había empezado él, porque con una mujer no iba a poder. Me hice el boludo y quedó ahí. Si te digo que me traumó, te miento. Pero no estuvo bueno.

—¿En ese momento se lo contaste a alguien?

—Creo que no lo conté. Me di cuenta que era pura manipulación y el tipo no
insistió. Fue un lance, algo así como «si pica, pica». Y como te decía, en
ese momento no me generó nada más que incomodidad, transitar una
situación desagradable. Con el tiempo dimensioné la gravedad de que un
adulto se tire un lance con un menor, pero en ese entonces no le di
mucha importancia.

—¿Qué opinás sobre los casos de abusos en los medios que salieron a la luz en el último tiempo?

—Creo que todo lo que implique visibilizar situaciones dañosas o injustas nos hace crecer como personas y como sociedad, por eso debe ser apoyado y respetado.

 Recuerdo que un productor de ATC me dijo que a mí como actor siempre me faltaba algo y era porque no había debutado sexualmente, y que tenía que empezar con un hombre, como había empezado él, porque con una mujer no iba a poder

—El mejor recuerdo de tus trabajos en la actuación

—Sería injusto elegir uno, porque cada etapa tuvo cosas hermosas. Ahora, si me preguntas estrictamente como actor, me quedo con los trabajos en que tuve que componer personajes, como por ejemplo, en algunos capítulos del ciclo Alta Comedia o en la película de Maradona.

—¿Volverías a la actuación en algún momento?

—El otro día justo hablaba con un director amigo de armar algo para microteatro. Ese formato teatral intenso, de pocos minutos, me parece súper atractivo. Veremos si se puede.

—Tu vuelta a la televisión y al cine, ¿la descartamos definitivamente?

—No, nunca descarto nada. Solo que en este momento no tengo puesta la
energía en esa búsqueda. Tendría que aparecer algún productor o director
que entendiera que le puedo sumar a su proyecto. No depende tanto de mí.

—¿Cómo ves la realidad del país?

—Está difícil. Los argentinos nos acostumbramos a que cada diez años cantan cero y nos dejan sin fichas por un largo tiempo. Ahí aparecen las grietas, que para mí son puro infantilismo. No creo que nuestros problemas tengan que ver con la ideología sino con los procedimientos, la planificación y la gestión concreta. Existen excepciones, pero en general tenemos una dirigencia mediocre en todos los niveles.

—¿En qué te afecta la crisis?

—Como a todos, tuve que recortar gastos.

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