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Comenzó ayer el juicio por la masacre ocurrida en la cárcel de Victoria.

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La disputa en el pabellón N° 2 de la Unidad Penal de Victoria era conocida por todos sus internos: Justo Silva, de 53 años, alias Suru, quería mantener la disciplina, que los más chicos estudien y trabajen y que nadie entre droga ni pastillas. Contra él se reveló un pibe del barrio Gaucho Rivero de Paraná, que ya tenía cuatro muertes a sus 20 años: Kevin Paniagua. Con otros dos cómplices, Ramón Ismael Framulari, conocido como Bebe, de 19, y Maximiliano Exequiel Chamorro, alias Coyi, de 20, perpetraron la peor masacre en la historia criminal reciente de Entre Ríos, dentro de la cárcel.

 

Ayer comenzó en Gualeguay el juicio por el séxtuple homicidio que tuvo como víctimas fatales al mencionado Silva, Marcelo Beber, de 31 años; Brian Alarcón, de 21; Vladimir Casco, de 20; Marcelo Rodríguez, de 30; y Francisco Alberto Coronel, de 19, y como único sobreviviente a Emilio Oscar Suárez, de 27.

Por la gran cantidad de personas que deben estar en el juicio, los Bomberos de Gualeguay prestaron su salón para el desarrollo del debate. Además de los jueces y las partes, hay tres imputados peligrosos con tres custodios cada uno; y muchos de los testigos son presos que deben ser trasladados con custodia penitenciaria.

El Tribunal de Juicio de Gualeguay está integrado por Dardo Tórtul (presidente), Javier Cadenas y Darío Crespo. El fiscal que acusa a los imputados es Eduardo Guaita, quien llevó adelante la investigación reuniendo numerosas pruebas desde el primer momento. Actúan como querellantes Carlos Reggiardo y Diego Calderón, mientras que los defensores son José Barbagelata y Susana Alarcón.

La audiencia comenzó con los alegatos de apertura. El fiscal Guaita expuso cómo pudo reconstruir el hecho, que sucedió a las 6 del 7 de junio de 2018. Cuando los agentes penitenciarios entraron al pabellón y abrieron las celdas, Paniagua, Framulari y Chamorro estaban preparados: salieron de su celda, prendieron fuego un colchón, lo metieron en la celda donde estaban Silva y seis internos más y cerraron la puerta. En los 120 segundos que pasaron hasta que otros presos y penitenciarios fueron a rescatarlos, seis murieron calcinados o ahogados entre el fuego y el humo, y solo uno sobrevivió con graves secuelas en las piernas.

Tanto el fiscal como los querellantes adelantaron que pedirán la pena máxima de prisión perpetua para los acusados, por el delito de homicidio calificado, por alevosía (que es actuar sobre seguro, sin posibilidad de defensa de las víctimas), ensañamiento (generar un sufrimiento innecesario), utilización de un medio que genera un peligro común (al haber desatado un incendio) y por la premeditación de tres o más personas.

El conflicto

El primer testigo en declarar fue Walter Sosa, un interno que compartía la celda N° 3 con los imputados. En su relato, recordó que como no iba a formar parte del ataque criminal, fue maniatado esa madrugada para que no arruinara los plantes, mientras Paniagua, Framulari y Chamorro pergeñaban cada paso de la masacre. Sosa recordó que cuando los asesinos salieron para concretar el ataque, pudo desatarse y fue el primero en correr hacia la celda N° 2 de las víctimas para abrir la puerta, y junto a los demás internos del pabellón comenzó a intentar rescatarlos.

Este caso cuenta con una particularidad y una prueba privilegiada: el video grabado por la cámara de seguridad del pabellón, que registró toda la secuencia del séxtuple homicidio. El mismo fue reproducido ayer en la audiencia para que el tribunal pudiera observarlo. Y no lo hicieron una, sino cinco veces. Si bien es una imagen en blanco y negro sin sonido, las corridas y sobre todo la incandescencia que se observaba en la puerta de la celda incendiada causó estupor en todos los presentes. El fuego se había propagado rápidamente desde el colchón encendido que arrojaron los imputados hacia los demás colchones y ropa de los siete presos que dormían amontonados en ese sector.

Luego declararon en el juicio otros cinco testigos, también internos del mismo pabellón que observaron parte del suceso. Todos reconocieron que fueron los tres imputados los autores de la masacre. Y en lo que todos también coincidieron fue en la disputa que existía por el control de ese sector del establecimiento carcelario. Por un lado, Silva y algunos más que pretendían mantener la calma; por otro, los jóvenes encabezados por Paniagua que pretendían hacer entrar pastillas de psicofármacos y otras drogas.

“Se sabía eso que Silva no dejaba entrar pastillas, que tenía una forma más estricta de manejarse, algunos no estaban de acuerdo con eso”, dijo uno de los presentes en el juicio a UNO.

Falta que declaren tres más y después el SPER, médico forense, Borré, el perito de Bomberos de incendios, y peritos químicos

Si bien estaba previsto que las audiencias del debate continuaran durante toda esta semana e inicios de la próxima, por el paro de empleados judiciales el juicio se reanudará el viernes. Restan declarar tres internos más, y después lo harán efectivos del Servicio Penitenciario, el médico forense que practicó las autopsias, el entonces jefe de Bomberos Zapadores quien referirá las pericias que se hicieron en el lugar del incendio, y peritos químicos, entre otros.

Paniagua, al parecer, se aburrió en la audiencia y pidió no seguir concurriendo al juicio hasta el día de la sentencia, instancia en la que es obligatoria la presencia del imputado.

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