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Declaró la primera víctima y se abre la instancia judicial.

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Ayer en las oficinas de la Procuración General de Justicia se escuchó el primer testimonio de las víctimas de los abusos en el Seminario. Aunque se espera para hoy nuevas testimoniales, que reforzarán la iniciativa judicial por esclarecer los hechos, y hallar responsables.

Veinte años después de aquellos hechos las víctimas se atreven así a contar el calvario por el que pasaron siendo niños en los claustros del Seminario. Ilarraz no sólo fue responsable de los niños que se alojaban en el Seminario en calidad de pupilos, sino que además había sido designado por la Iglesia como “promotor de vocaciones”, por lo cual muchas familias confiaban sus hijos a su cuidado.

Pero contención era lo menos que el cura les prodigaba. La revista Análisis, que publicó la historia hace una semana, detalló que el sacerdote mantenía encuentros con los menores, de entre 12 y 14 años, a la siesta y a la noche, que primero les hablaba de sexualidad, después les enseñaba a reconocer sus genitales, y luego pasaba a prácticas más perversas con niños: el sexo oral y anal.

Entonces, el superior máximo del Seminario era monseñor Luis Jacob, actual párroco de Nuestra Señora de la Piedad, y era arzobispo el hoy cardenal Estanislao Karlic.

Ilarraz, puesto ahora en el ojo de la tormenta, con serias acusaciones de pedofilia, pudo sortear sin embargo aquellos cargos en su contra, y logró que la Iglesia le permitiera irse de Paraná, dejando atrás su oscuro pasado.

 

Apertura. Pero la impunidad, a veces, tiene su punto final.

Luego de escuchar el primer testimonio, una alta fuente de la Justicia confió a EL DIARIO “que se ratificó todo, punto por punto, lo que hasta acá se ha ido conociendo de lo que se vivió en esos años en el Seminario”.

De paso, anticipó que de aquí en más se aguarda que otros ex estudiantes del Seminario se animen a declarar en la Justicia y permitan avanzar en la investigación, y determinar responsables

Con esos primeros elementos, y el testimonio, valioso, de la primera víctima que decidió acudir a la Justicia, se aguarda que hoy la Procuración haga una presentación con pedido de instrucción formal ante el titular del Juzgado de Instrucción Nº 3, Alejandro Grippo. Al respecto, se espera que Grippo pueda librar los oficios respectivos a la Curia, de modo de conseguir todas las actuaciones realizadas en el marco del juicio diocesano que se sustanció contra Ilarraz a comienzos de la década de 1990.

La investigación diocesana de entonces estuvo a cargo de los sacerdotes Silvio Fariña y Alfonso Frank. Fariña es abogado e integra el Tribunal Diocesano con sede en Santa Fe; y Frank es el actual vicario general de la diócesis de Concordia, y considerado un clérigo de prestigio. El abogado de Ilarraz, Jorge Muñoz, dice ahora que su cliente nunca se enteró del resultado de aquel proceso diocesano.

 

Estrategia. La presentación espontánea de las víctimas es considerada clave en Tribunales: sin su aporte, el camino que le quedaba a los fiscales es iniciar una causa por corrupción de menores, que podría tener una pena más leve que en caso de que haya testimonios directa de los afectados, y denuncias puntuales contra un responsable determinado.

El procurador General ha dicho que no tiene temor de que los delitos hayan prescripto, y que su principal interés es ir contra el abusador.

Ese tipo de delitos encuentran ahora un terreno más propicio para ser investigado por la Justicia desde que se reformó el Código Penal a partir de la sanción de la denominada Ley Piazza. Esa modificación, impulsada por el modisto Roberto Piazza, amplió los plazos de prescripción de los delitos que afecten la integridad sexual de los menores de edad. Ahora, la prescripción, que coincide con el monto de la pena prevista (entre 6 meses y 20 años, según el caso), rige desde el momento en el que el menor cumple los 18 años.

 

La librería

 

Mientras ejerció relativo poder dentro de la Iglesia, Justo José Ilarraz manejó, entre otros asuntos, los negocios de la librería del Arzobispado, San Francisco Javier. En Tucumán, provincia adonde está radicado en los últimos años, viven también hermanos suyos que han seguido sus pasos, y se han dedicado al negocio de los libros. Allí, Miguel Ilarraz, uno de sus hermanos, montó la Librería San Pablo, ubicada en el Pasaje Padilla, de San Miguel de Tucumán. Otros dicen que allí también trabajó otro hermano, Javier Ilarraz. Pero también se dijo que el cura Ilarraz tenía sus propias acciones. Hilda Ester Cajal, quien dice ser propietaria, niega toda vinculación del sacerdote con ese negocio. “Está a mi nombre, tengo los papeles”, despejó dudas cuando el diario La Gaceta, de Tucumán, la consultó, De paso, salió en defensa del cura. “Todas estas acusaciones son una aberración, pero la verdad saldrá a la luz”, aseveró. Cajal dio su versión de la propiedad de la librería. Negó que fuera del cura. “No, es mentira. Me la vendió uno de sus hermanos, Miguel Ilarraz. Es de Paraná. Está a mi nombre. ¿Querés ver los papeles?”.

 

Fuente: El Diario.

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