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El cardenal Karlic sabía sobre el cura abusador, pero no lo denunció.

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Estanislao Esteban Karlic fue nombrado cardenal en 2007. Antes, entre los años 1986 y 2003, se había desempeñado como arzobispo de Paraná, y en Entre Ríos se dice que el sacerdote Justo José Ilarraz, hoy investigado por corrupción de menores, era poco menos que su mano derecha. En diciembre de 1996, tras escuchar el relato de cuatro seminaristas presuntamente abusados, cuando eran niños, por el cura Ilarraz, Karlic le prohibió al sacerdote «venir y permanecer» en la diócesis. Eso fue todo. No hubo otro castigo, según se desprende del informe que el actual arzobispo, monseñor Juan Puiggari, envió a la justicia entrerriana, y al que ayer tuvo acceso El Diario de Paraná.

 

Karlic dejó entonces que actuara Roma, pero al parecer jamás llegaron instrucciones al respecto desde el Vaticano. De hecho, tras su salida del Seminario de Paraná, en 1993, Ilarraz permaneció en la sede de la Iglesia Católica, estudiando. Y en 2000, ya de regreso al país y después de vivir tres años en Monteros, Tucumán, como laico, un obispo de esa diócesis le permitió volver a ejercer el sacerdocio.

En consecuencia, Ilarraz nunca fue sancionado por la Iglesia, a pesar de los testimonios directos de al menos cuatro víctimas que habrían padecido sus abusos mientras ejercía el cargo de prefecto de disciplina en el Seminario Menor paranaense, entre 1985 y 1993. Esas cuatro denuncias ya están en poder del juez de instrucción Alejandro Grippo, que investiga al sacerdote por corrupción de menores.

Según consta en el documento diocesano, en julio de 1995, encomendó al abogado sacerdote Silvio Fariña Vaccarezza, hoy párroco de la Catedral de Paraná, que investigara la conducta de Ilarraz, y que todas las actuaciones se guardasen «en el archivo secreto» de la Curia.

Para esa época, Ilarraz ya se había trasladado al Vaticano para cursar una licenciatura en Misionología en la Pontificia Universidad Urbaniana. El mismo Karlic –que lo había ordenado sacerdote en 1982– lo alentó a hacerlo y le gestionó alojamiento. El Decreto N° 39/93, firmado por el hoy cardenal, lo autorizó a ausentarse de Paraná por dos años, permiso que luego se extendió un año más. Cuando Ilarraz volvió, en 1997, las conclusiones de la investigación de Fariña lo obligaron a marcharse a Tucumán.

El documento firmado por Karlic el 18 de diciembre de 1996 contiene una sanción levísima. Da por probado «el daño producido a personas e instituciones», dice que «es consecuencia de la conducta del presbítero Justo José Ilarraz, ya que cuatro testimonios de forma unánime así lo afirman», y además que ese daño «debe ser reparado y evitado en el futuro». Por eso, le prohíbe «venir y permanecer en el territorio de la Arquidiócesis de Paraná, así como tener comunicación de cualquier tipo con los seminaristas». Hasta ahora, esa benévola «condena» intramuros jamás había llegado a la justicia. Y sólo cuando el escándalo ya había estallado, el 7 de septiembre pasado, Ilarraz fue suspendido en el ejercicio del ministerio sacerdotal. «

 

 

«Crimine pessimo»

Bajo ese eufemismo con que el Código de Derecho Canónico define la pederastia, había sido investigado «intramuros» el sacerdote Ilarraz desde 1995.

 

 

«pegaban con toallas mojadas»

El abogado defensor de una de las presuntas víctimas del cura Justo José Ilarraz, acusado ante la justicia por el abuso de al menos 50 chicos de entre diez y 14 años, aseguró que en aquellos años el seminario de Paraná «era un campo de concentración».

Milton Urrutia, que además de querellante fue seminarista en ese instituto en el período en que Ilarraz habría abusado de los internados, criticó la «doble moral de los directivos del seminario en aquellos tiempos», y aseguró en declaraciones a la agencia Télam: «A nosotros nos bañaban con agua helada y nos tenían encerrados, mientras Ilarraz y (el actual arzobispo de Paraná, monseñor Juan) Puiggari (entonces prefecto del seminario) vivían con todos los privilegios en habitaciones con todo el confort.»

Quebrado por el llanto, Urrutia relató que mientras estuvo en el seminario «nos pegaban con toallas mojadas y nos hacían trabajar como burros. Ellos tenían que cuidarnos y amarnos porque nos estábamos preparando para ser sacerdotes, pero a muchos nos frustraron y tuvimos que abandonar la vocación.»

Para el abogado, Puiggari «tiene que dar un paso al costado porque nos defraudó a los ciudadanos y a los laicos», al ocultar lo sucedido en el seminario con el cura Ilarraz.

Otro abogado de los querellantes, Marcos Rodríguez Allende, destacó, por el contrario, la cooperación de Puiggari con la justicia. «Acá, lamentablemente, el que no cumplió es monseñor Karlic. Una vez que conoce los testimonios de las víctimas, la sanción que le aplica es no dejarlo entrar más a la diócesis», declaró a El Diario de Paraná.

 

 

Fuente: Infowebs

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