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Internos de los talleres industriales del Servicio Penitenciario trabajan y aprenden un oficio

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Detrás de la panadería de calle Marcos Sastre, se emplaza un amplio predio donde entre otras actividades está el reciente taller de Vivero. Allí trabaja Claudio, un interno quien cuenta: “Esto era un terreno baldío con material de relleno; todo era piedra y arenilla. Hubo que zarandear todo para producir una tierra fértil y poder cultivar las plantas”. En épocas de frío hemos hecho crecer rosas, en temporadas en que no se hacen, hemos hecho cretonas y conejitos. Sin embargo, a partir de hacer estudios y averiguar el trabajo ha tenido mucho fruto”, declara y se enorgullece.

El trabajo en el jardín le ha dado a este interno una perspectiva distinta de la actividad: “Cuando trabajamos nos sentimos un poco libres. A mi me hace sentir bien porque estoy en el verde, en lo mío que me gusta y trae mucha tranquilidad. Trabajar para mí es como estar libre, no siento las rejas. Antes compraba plantas, ahora las hago; eso es distinto, tiene una esencia, un gustito más fructífero para uno porque uno sabe que es el resultado de un logro propio, la base de algo que no es comprado. Hacer esto una vez en libertad sería algo bastante lindo. Estar en el jardín te hace sentir útil en algo en la vida y evitás estar durante el tiempo libre pensando en nada. También podés ayudar a otras personas que vienen a preguntar sobre plantas medicinales y digestivas que tenemos y les pueden ayudar, como el burro y la salvia. Si cada uno pusiera una planta para su propia vida y consumo propio todo sería más fácil”.

En el taller de escobería, que elabora escobas con hojas de palma que los mismos internos recolectan del monte en Villaguay y procesan en el taller, otro interno cuenta: “Dentro del rubro de escobería he aprendido la artesanía en madera. El día de mañana cuando salga de acá ello es para mí una salida laboral. En mi caso, purifiqué mis conocimientos que tenía antes de entrar a la Unidad Penal. Todo gracias al tiempo y la dedicación que tienen con nosotros los maestros. Me hace sentir bien, salir de los pabellones para trabajar, es una satisfacción para el que quiere progresar acá adentro. Con la escobería descubrí mi vocación de artesano, pues no sabía que la tenía. Acá uno unifica los rubros y aprende a trabajar.

Finalmente, está el taller de zapatería, en el que los internos fabrican borceguíes y elaboran los zapatos que usan los empleados municipales en su trabajo diario en la ciudad. Uno de los internos cuenta que “toda la provincia usa los zapatos que hacemos acá. Nosotros nos sentimos orgullosos porque de acá salen fabricados artesanalmente. Y creo que en calidad están bien, porque no hemos tenido ninguna queja de los maestros. Trabajar de esto una vez que salga en libertad es un emprendimiento que uno tiene siempre en mente, porque se que el día de mañana voy a salir con un lindo oficio”.

Otro interno que hace poco empezó a aprender de zapatería, también refirió su experiencia: “Trabajar te despeja un montón, te hace sentir más tranquilo. No ves la hora de salir a laburar así te despejás un poco; también se aprende bastante; esta bueno porque en otro lado no tenés la posibilidad. Cuando estás afuera no le das importancia, pero cuando estás acá, prestás atención y enseguida aprendés. Es lindo aprender algo nuevo, porque uno elije su oficio”.

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