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Intolerancia al dolor: crece la venta de analgésicos

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El ‘sana, sana, colita de rana’ ya no basta. Hoy, el dolor es una mala palabra, que la gente no concibe soportar», aseguró Marcelo Peretta, presidente del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB). Los especialistas señalan que en los últimos diez años la disminución de la tolerancia al dolor fue notoria, y la adjudican a un fenómeno sociocultural.

Aspirinas_PREIMA20101206_0271_5En la Argentina, el 85% de los adultos utiliza analgésicos de venta libre. Dos tercios lo hace mensualmente y un tercio semanalmente, según el último estudio del SAFYB. El fenómeno de la «sociedad sobremedicada» se ve reflejado en los balances que demuestran que de 2011 a 2012 la venta de analgésicos aumentó en 3 millones de unidades. El año pasado se vendieron 51 millones de unidades, mientras que en 2011 fueron 48. El aumento de las ventas fue progresivo con 44 millones en 2008, y 47 millones de unidades en 2010.
Según datos de la Fundación Dolor, el consumo de analgésicos es mayor en las mujeres y en los grupos etarios de 19 a 25 años y de 40 a 55 años.
Ibuprofeno, ketoprofeno, diclofenac, paracetamol o aspirina lideran el ranking de la automedicación en la Argentina. A toda hora, y en todo lugar, para paliar, o muchas veces para prevenir el dolor, se echa mano al analgésico. Si no se lo tiene, se lo pide al compañero de trabajo o al vecino, así se pasan de mano en mano, son recomendados de boca en boca, y su uso/abuso no conoce fronteras. «Los consumidores no tienen el conocimiento suficiente sobre lo complejo de seleccionar e ingerir los analgésicos de forma adecuada», señaló Peretta en diálogo con Tiempo Argentino.
Una encuesta de la Confederación Farmacéutica Argentina, concluyó que el consumo de medicamentos de venta libre de forma permanente es consecuencia directa de «la exposición constante a campañas publicitarias, muchas de ellas con mensajes engañosos o que ocultan información importante sobre sus riesgos».
Las encuestas demuestran que gran parte de la población piensa que, en algún punto, los analgésicos sirven para todo y que no dañan, sin embargo, los efectos adversos son muchos. Según una investigación de la Universidad Maimónides y del Instituto Argentino de Atención Farmacéutica, los abusos de analgésicos ocasionan la muerte de más de 700 personas y alrededor de 100 mil internaciones hospitalarias al año.
El tratamiento a largo plazo con antiinflamatorios puede provocar gastritis y úlceras gástricas y duodenales. «Muchos de los pacientes no tienen síntomas, pero presenten riesgo alto de desarrollar complicaciones severas, como sangrado y perforación del estómago sin síntomas previos», explicó Peretta a este diario. Además, el abuso de antiinflamatorios puede provocar el aumento de la presión arterial, principalmente en personas hipertensas, e interferir con los efectos de los medicamentos antihipertensivos. «Otro efecto importante del consumo de analgésicos es la predisposición a la isquemia de miocardio, y la propensión a la trombosis. También pueden afectar la función del riñón hasta llevar a la insuficiencia renal aguda», destacó Erica Bernich, directora de la Fundación Dolor, perteneciente a la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires, en diálogo con Tiempo Argentino.
El consumo diario de analgésicos produce también un efecto de acostumbramiento a la droga, por lo que el efecto de alivio deseado nunca se alcanza. «Muchos suelen tomar analgésicos más de una semana sin saber que se genera una adicción y que el problema continúa sin resolverse», explicó Peretta.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor definió al dolor como una experiencia subjetiva desagradable sensitiva y emocional que se asocia a una lesión real o potencial de los tejidos. Dolor de espalda, pies, cabeza, manos, oídos, muela, y hasta la piel puede doler. Una de las tareas más difíciles a la hora de determinar el umbral de dolor es explicarlo. Ante la pregunta ¿cómo es el dolor?, se puede intentar explicarlo como latidos o golpes, o más bien como motosierras que desgarran. Sin embargo, para los médicos resulta fundamental poder medirlo con una escala del 1 al 10, en la que 1 es la sensación más leve y 10 la más fuerte.

En la misma escala, según los especialistas, dos son los dolores que la mayoría de sus pacientes colocan en el nivel 10: el de parto y el de muela. En el caso del primero, al ser consultada por este diario Claudia Negri, directora de la carrera de obstetricia de la UBA, confirmó que en los últimos años ha habido un aumento en la cantidad de mujeres que piden la inyección epidural, para hacer más leve el dolor del alumbramiento. «Se debe a un cambio sociocultural, la inyección ha tenido más publicidad del boca a boca y muchas mujeres no saben ni de qué se trata, pero saben que calma el dolor y la piden a gritos», contó la experta.

La mayor cantidad de consultas suelen ser por dolor agudo, traumatismos muchos de ellos, mientras que en centros especializados son por dolor crónico, entre ellos lumbalgias, artralgias, cefaleas y fibromialgia. Más allá de qué tipo de dolor se trate, en la actualidad, se lo considera como una patología en sí mismo. «En general, los pacientes consultan cuando les duele, y lo más importante es calmarlo», explicó el neurólogo Roberto Rey, y destacó que para lograrlo, «debemos diagnosticar de qué tipo de dolor se trata, ya que no todos los fármacos que utilizamos producen el mismo efecto sobre los distintos tipos de dolor».
Según los resultados preliminares de un estudio de la Fundación Dolor, existe una asociación entre la falta de sueño, la depresión y el dolor, «si bien no nos permite probar causa-efecto, vemos que estas tres afecciones pueden asociarse. También estamos investigando si hay genes involucrados en la tolerancia al dolor», aseguró Bernich para quien la disminución del umbral de resistencia también es cultural. «La gente accede fácilmente a los fármacos y hay familias farmacofílicas en la s que ante la mínima dolencia se aplica un fármaco y esta costumbre se traslada de generación en generación.»
El dolor cumple un propósito: alertar que algo no está bien, y la solución para frenar el abuso de los analgésicos radica, para los expertos, en que «se cumpla con el rol más activo del farmacéutico: su escucha y consejo». Por eso recomiendan que a la hora de elegir analgésicos, ante cualquier duda, consulte al farmacéutico. «
Información esencial para tener en cuenta
El farmacéutico debe proveer la siguiente información a los pacientes que solicitan productos analgésicos para el dolor:
Cómo: cuál es la dosis exacta, la frecuencia diaria, y el plazo mínimo y máximo que deberá usar el producto.
Paliativos: el calor, el frío y los masajes en la zona dolorida constituyen paliativos importantes. Las cremas, geles o sprays son sólo para uso externo.
Agua: los comprimidos y demás formulaciones de uso oral deben ingerirse con un vaso lleno de agua, y si hay problemas gástricos, hacerlo durante las comidas.
Originales: se debe mantener los medicamentos en sus envases originales, bien tapados, alejados de la luz solar y del alcance de los niños.
Consulta: ir a un médico en caso de que el dolor no haya desaparecido o disminuido en el transcurso de siete días de usado el medicamento.
Peligrosos
40%
de los casos de hemorragia digestiva alta, y el 11 de los de insuficiencia renal, son por la ingesta excesiva de aspirina, ibuprofeno y paracetamol.
La ley y los permisos en algunos distritos del país
En 2009 se aprobó la Ley Nacional N° 26.567 que se refiere al permiso exclusivo de venta de medicamentos de «venta libre» únicamente en las farmacias.
El texto determina que «deberán ser dispensados personalmente en mostrador por farmacéuticos o personas autorizadas para el expendio» y prohíbe la venta de medicamentos en kioscos y supermercados.
La ley se aplica en todo el país, pero varias jurisdicciones de distintas provincias que inicialmente habían adherido, dieron marcha atrás y promulgaron ordenanzas que dan de baja esa adhesión, como en el caso de Puerto Madryn, Chubut.
En la Ciudad de Buenos Aires tampoco se cumple con la ley, luego de que en diciembre de 2011 el Ejecutivo porteño vetara su adhesión.
Durante la discusión parlamentaria, los diputados del PRO, Helio Rebot y Alejandro García, plantearon la necesidad de la venta de remedios fuera de las farmacias y en kioskos  para «facilitar al vecino el acceso, especialmente en días y horarios en los que para comprar una aspirina es necesario buscar una farmacia de turno».
Fuente: Tiempo Argentino

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