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“No basta con evitar el mal, hay que hacer el bien”, dijo Puiggari

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El arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, escogió la festividad de San Miguel, patrono de Entre Ríos, para recordar que el hombre alcanza su plena libertad teniendo como centro de su vida a Dios, y no al revés. “El que está cerca de Dios, no se evade de la historia. Todo lo contrario, está junto al hombre”, dijo Puiggari en la ceremonia realizada ayer en la capital de la provincia.
“Es imprescindible dar tiempo y espacio a Dios, para que sea el centro vital de la existencia humana, la primacía de Dios”, afirmó durante la homilía que dio ayer en la misa de celebración del patrono de Entre Ríos, en el atrio del templo dedicado a San Miguel, en la esquina de Buenos Aires y Carlos Gardel.
A lo largo del sermón, apeló cuatro veces al papa Francisco, y parafraseó sus dichos, de modo que su homilía fue, a la vez, la reiteración de palabras ya oídas por los fieles que se congregaron en una tarde peculiar: un día primaveral que amaneció con bajísimas temperaturas, que con el correr de las horas se volvió un poco más templado. Aunque el oficio religioso, que empezó pasadas las 17,30, luego de la procesión por las calles adyacentes a la Parroquia San Miguel, concluyó ya cuando el sol había caído, y la temperatura había vuelto a bajar.

LOS JESUITAS. Los jesuitas, la orden fundada por San Ignacio de Loyola, congregación a la cual pertenece el Papa, fue la encargada de traer a estas tierras la devoción a san Miguel, según se encargó de recordar ayer Puiggari.
La historia comienza en el siglo XVII. Entonces las estancias de la Compañía de Jesús ocupaban una ancha geografía del país, y llegaban hasta Entre Ríos: aquí abarcaban desde La Picada hasta Diamante. Los dominios de los jesuitas tenían un nombre que quedaría en herencia religiosa: San Miguel.
Así, la devoción al santo fue creciendo, y adquirió notoriedad, y fue tanta la envergadura que cobró que empezó a competir con la Virgen del Rosario, que estaba en Paraná desde el nacimiento como villa. Así fue como en 1823 el cura párroco Francisco Dionisio Álvarez se propuso saldar ese entrevero en la devoción de la feligresía, y mandó a realizar una votación.
El cura quería determinar, apoyándose en la opinión de los feligreses, quién debería ser el patrono de Paraná. Los paranaenses votaron a la Virgen del Rosario; San Miguel quedó entonces como patrono de Entre Ríos. Así fue el resultado de la votación que tuvo lugar el 1º de enero de 1825.
Pero la festividad de San Miguel fue diluyéndose, situación que llevó a la Iglesia a reclamar al gobierno de Entre Ríos la restitución del día del santo como festivo en la provincia. La tarea le cupo al delegado eclesiástico, el cura José Leonardo Acevedo, quien en 1847 consiguió el inmediato visto bueno del gobernador de entonces, Justo José de Urquiza.
Así las cosas, pues, en 1851 el papa Pío IX emitió una bula pontificia a través de la cual confirmó a san Miguel como patrono de Entre Ríos.
BIEN Y MAL. Puiggari aludió en su homilía al significado del nombre Miguel –“quien como Dios”—para hablar de la centralidad de Dios en la vida de los hombres.
Luego, empezó a citar palabras del papa Francisco.
“Nos pidió el papa Francisco un favor a los argentinos, que caminemos todos juntos, cuidándonos los unos a los otros. Nos decía `cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuídense, cuiden la vida, cuiden la familia, cuiden la naturaleza, cuiden a los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado toda envidia, y no se saquen el cuero. Dialoguen, vayan creciendo en el corazón y acérquense a Dios`. Eso nos pedía”, recordó.
Más adelante, volvió a citar al papa Jorge Mario Bergoglio. “Miguel, decía el Papa, es el campeón de la primacía de Dios”, apuntó y dijo esto otro: “Decía el Papa que lo que primero debemos recuperar en nuestro mundo y en nuestra vida es la primacía de Dios, porque es esto lo que nos permite encontrar la verdad de lo que somos. El Papa quiso afirmar que el hombre no puede ser verdaderamente libre sin Dios. A menudo confundimos la libertad con la ausencia de vínculos, con la convicción de poder actuar solos, sin Dios”.
Luego, se detuvo en el Evangelio del día, y en la parábola del rico y el pobre, y resaltó la necesidad de la solidaridad, de hacer el bien. Al respecto, sostuvo que “no basta para una persona que quiere vivir en la fe y el amor cristiano no hacer nada malo, no basta con evitar el mal, hay que hacer el bien. Hay que hacer el bien. El papa Francisco, en estos días, nos advertía seriamente sobre la globalización de la indiferencia, como uno de los grandes males de este tiempo. Nos acostumbramos a tanto mal, hay tanta pobreza, tanta injusticia, tanta corrupción, tantos hermanos que están solos, que sufren, tantos enfermos, tantos hermanos víctimas de la droga, del alcohol, y de tantos otros males, que nos acostumbramos. Vamos creando como una coraza que nos proteja”.

AL MARGEN
Nota del gobernador. El gobernador Sergio Urribarri se disculpó por su ausencia ayer en la festividad del patrono de Entre Ríos, San Miguel, a la que no pudo asistir. En su lugar, se hizo presente el ministro de Economía, Diego Valiero. El titular del Ejecutivo envió una nota de disculpas, en la cual señaló que “compromisos de índole oficial y carácter impostergable hacen imposible mi presencia en ocasión tan cara al sentir mariano de miles de paranaenses y entrerrianos que encomiendan su protección al santo patrono”.

 

Fuente: El Diario

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