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Otras dos mujeres denunciaron al estatal acusado por abuso sexual

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Otras dos víctimas denunciaron, en los primeros días de marzo, al empleado estatal Antonio José Luis Cardoso por los abusos sufridos tiempo atrás. De este modo, la Unidad Fiscal de Violencia de Género y Abuso sexual citó nuevamente al hombre para imputarle los dos nuevos casos, aunque esa instancia se suspendió por la falta de condiciones físicas en Tribunales para cumplir con las medidas de distanciamiento social ordenadas en el marco de la emergencia sanitaria.

A su vez, vencía la medida cautelar de prisión preventiva en la Unidad Penal Nº 1 de Paraná que le había impuesto el Juzgado de Garantías a Cardoso tras el pedido de la Fiscalía. El 24 de enero, el juez Ruhl había hecho lugar al pedido de la fiscal Ileana Viviani y le impuso dicha medida de coerción por el plazo de 60 días. Por lo tanto, era momento de revisarla.

La Fiscalía insistió en la existencia de riesgos procesales, sobre todo de atentar contra la causa ante la posibilidad de amenazas a las víctimas que lo denunciaron o de amedrentar a futuras posibles denunciantes. La misma postura mantuvieron los querellantes Marcos Rodríguez Allende y Boris Cohen, quienes a su vez destacaron el trabajo que viene realizando Viviani en la compleja investigación, con numerosas entrevistas y producción de pruebas para avanzar con la causa.

Al igual que en la audiencia de enero, se planteó que el imputado se podría fugar, ya que como acumula numerosas denuncias podría recibir una pena por encima de los 30 año de prisión, publicó Uno. Se recordó que en los primeros días de enero hubo dos mujeres que denunciaron a Cardoso, pero fue recién luego de los allanamientos y la detención en la Unidad Penal, cuando 10 más se animaron a denunciarlo en los días siguientes. Durante febrero y marzo hubo más aún.

Según reportó Unolas víctimas han expresado el miedo que le tienen al presunto violador por las influencias en el poder que decía tener y porque incluso ha utilizado armas de fuego para amenazarlas y lograr así su silencio. Incluso todavía hay víctimas y testigos que no se animan a hablar. Hasta la exesposa del acusado, que también sufrió su violencia de todo tipo. Entonces, la libertad de Cardoso sería no solo un peligro para la causa judicial, sino para la propia integridad de las víctimas, quienes padecen graves secuelas psicológicas por lo que pasaron.

Asimismo, aún restan producirse varias pruebas, tanto declaraciones testimoniales como pericias a víctimas y al propio acusado, de las cuales se podrían obtener evidencias fundamentales para la acusación.

Por su parte el acusado, que es representado por la defensora Corina Beisel, había solicitado que le otorguen la prisión domiciliaria en el marco de la situación sanitaria que se vive en el país y particularmente en la cárcel. Cardoso tiene 59 años, aunque no está determinado que se encuentre dentro del grupo de riesgo por coronavirus por alguna afección en su salud.

Seguirá detenido en la cárcel

Finalmente, se informó que el juez Ruhl, de turno durante el receso extraordinario que rige en el Poder Judicial, resolvió prorrogarle la preventiva en la cárcel al evaluar tanto el peligro para la investigación en el caso que fuera alojado en su casa, como al descartar que la salud de Cardoso esté en peligro.

El Servicio Penitenciario de Entre Ríos informó al juez sobre las medidas adoptadas en los últimos días para mantener la limpieza e higiene necesarias en las cárceles, con el personal del área de Sanidad disponible en esta circunstancia.

Asimismo, Ruhl consideró que se mantienen vigentes los fundamentos por los cuales le dictó la preventiva a Cardoso hace dos meses, medida que el Tribunal de Juicio y Apelaciones confirmó al argumentar que las víctimas estarían en peligro con él fuera de la cárcel.

Según se ha observado en la investigación, Cardoso habría violado en forma sistemática a al menos seis mujeres, todas jóvenes y en especial estado de vulnerabilidad, ya sea por problemas de salud o por falta de trabajo. Siempre habría utilizado el mismo ardid para engañarlas y llevarlas a su casa de calle Italia y Montevideo o en una oficina de calle Laprida y Tucumán, a una cuadra de Tribunales: les ofrecía trabajo en dependencias públicas o decía que era curandero y las sanaría.

A todas las habría adormecido con fármacos como clonazepam (droga que fue secuestrada en su domicilio) y en esa situación las habría violado. Además de las seis víctimas, hay muchas denuncias más de mujeres que refirieron haber sufrido situaciones similares y haber podido escapar a tiempo. Otros casos de abusos sexuales no fueron imputados porque prescribieron con el paso del tiempo: el hecho más antiguo detectado hasta ahora habría sucedido en 2001.

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