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Renunció Moreno y comienza una nueva etapa de la política económica

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Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior y hombre fuerte de la política económica durante la última década, presentó ayer su renuncia y será designado como agregado económico en la embajada argentina en Italia.

La decisión la hizo pública Alfredo Scocimarro, el vocero de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una escueta conferencia de prensa que tuvo lugar en la Casa Rosada. Moreno deja su cargo 24 horas después de que el propio Scocimarro anunció cambios clave en el Gabinete económico: la designación de Axel Kicillof en el cargo de ministro de Economía (en remplazo de Hernán Lorenzino) y a Juan Carlos Fábrega como presidente del Banco Central de la República Argentina (ocupando el lugar de Mercedes Marcó del Pont). Durante una charla informal con algunos de sus colaboradores, Kicillof admitió que la relación con Moreno era cordial y prudente pero que lo separaban diferencias técnicas y de criterios en la instrumentación de la política económica.

La salida de Moreno era un reclamo unánime de los sectores vinculados al establishment económico que jamás le perdonaron su intervención en el Indec, su injerencia en la política de formación de precios y el modelo de negociación directo y sin tapujos que mantuvo siempre con los gerentes y referentes del sector empresario y financiero. También lo culparon de poner en marcha una política agropecuaria que le hizo perder dinero a los dueños del campo y a sus intermediarios financieros.

Durante años, Moreno se transformó en el puchinball que utilizó el poder político promercado y económico para defenestrar los éxitos y los errores del modelo socioeconómico que puso en marcha el entonces presidente Néstor Kirchner y la actual presidenta.
Durante la primera y última entrevista que le dio a un medio gráfico nacional (Tiempo Argentino) como secretario de Comercio Interior, Moreno dijo: «Cada vez que el diario La Nación pide mi renuncia es un aplauso. Para un peronista que La Nación te pida la renuncia es un aplauso. Soy el funcionario al que más veces le ha pedido la renuncia La Nación. Son muchos aplausos».

Una de las principales críticas que atraparon a Moreno fue las dificultades que tuvo para enfrentar la inflación y la pérdida de credibilidad del Indec, que amplificado por la enorme cobertura mediática que le dieron el grupo de medios de Clarín, La Nación y los medios satélites se transformó en una cuestión de Estado y en una verdad revelada e indiscutible. Mientras los indicadores oficiales daban un crecimiento del Indice de Precios al Consumidor que en los últimos años siempre osciló entre el 10 y el 11%, las consultoras privadas, muchas de ellas contrarias a la política económica oficial, más que duplicaban este porcentaje. Entre tanto, versiones más serias y modestas indicaban que el Índice de Precios Implícito daba una inflación del 17 o 18 por ciento. Ni muy muy ni tan tan.

Sin embargo, durante su larga gestión, Moreno también cosechó éxitos que el propio kirchnerismo reconoció y aplaudió. La propia intervención en el Indec le permitió al Estado argentino ahorrarse alrededor de U$S 40 mil millones en intereses de la deuda.
Además, durante el año pasado, cuando parecía que el superávit comercial se desbarrancaba, Moreno inició un trabajo artesanal para regular el ingreso de importaciones y sustituir esos productos por artículos fabricados en la Argentina. De esta manera, con lápiz y papel, algunos colaboradores, computadoras y teléfonos, logró que el excedente comercial del 2012 superara los U$S 12.690 millones.

Las restricciones a las importaciones también generaron algunos contrapuntos comerciales con países vecinos como Brasil, Uruguay y la Unión Europea. E incluso los faltantes de ciertos productos tuvieron una ligera repercusión sobre el nivel de crecimiento de la economía. Pero la Argentina necesitaba dólares y Moreno logró conseguir los dólares. Moreno cosechó muchos detractores. Tuvo una estructura estatal disminuida que lo acompañó durante años y peleó con el orden establecido munido con un cuchillo y un tenedor.

Cuando Néstor Kirchner asumió y lo convocó para que se ocupe de Comercio Interior, el Estado era inexistente y el funcionario apenas contaba con experiencia en la materia y un enorme afán de protagonismo que impidió, muchas veces superado por el día a día, armar una organización burocrática idónea que le permitiera avanzar en un recambio estructural que colocara al Estado en igualdad de condiciones a la hora de analizar la estructura de precios con aquellos que han provocado la inflación como una estrategia para desplazar a gobiernos que no conforman sus ambiciones.

Se acabó el tiempo de Moreno. El hombre que quiso evitar la fuga de dólares y fracasó. Hoy las reservas apenas superan los U$S 32 mil millones y preocupan al gobierno. Peleó con sus limitaciones que no eran ni más ni menos que las propias de una generación reducida a las cenizas por la desaparición de miles de dirigentes a manos de la dictadura.

Moreno tuvo definiciones cortoplacistas que le permitieron al país sobrellevar la crisis económica internacional y la ausencia de un proyecto de país de una burguesía y de grandes grupos internacionales que sólo responden a sus casas matrices.

Ahora el modelo argentino, ya sea kirchnerista o no, necesita moldear un Estado que precisa políticas más finas, de mediano y largo plazo, que permitan pasar a un modelo de desarrollo. Kicillof y Fábrega son dos cirujanos que pueden avanzar en ese sentido, pero para ello requieren imprescindiblemente del respaldo político. Sin ese apoyo, el riesgo que tiene por delante Cristina es el regreso inevitable de los pregoneros del endeudamiento eterno, los paladines del mercado sin límites, que esperan provocar una corrida del dólar o un pico inflacionario. Son poderosos y están agazapados. Quieren obligarla a pasar a la historia como una simple mandataria de la transición de un modelo socioeconómico inclusivo a una economía precapitalista o postcapitalista, según se interprete.

En las próximas horas se conocerán las definiciones. Todos señalan a Augusto Costa, un colaborador de Kicillof, como el hombre que estará a cargo de Comercio Interior, que hasta el 2 de diciembre seguirá en manos de Moreno. Para viceministro de Economía, también se escuchó en los pasillos al subsecretario de Planificación Económica, Nicolás Arceo, o al subsecretario de Programación Económica, Emanuel Álvarez Agis. Todos hombres vinculados al futuro ministro de Economía. Pero los pasillos no deciden. Los pasillos tampoco decidirán si Beatriz Paglieri, una mujer muy vinculada a Moreno, continuará al frente de Comercio Exterior. Faltan muchas definiciones. La última palabra la tiene, sin lugar a dudas, Cristina Fernández de Kirchner. Ella, a diferencia de otras épocas en las que los políticos no decidían nada, definirá cuál será el camino que tomará la Argentina.

 

Fuente: Tiempo Argentino

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