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Rusia teme que el conflicto de Ucrania se propague al resto de Europa

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«Estamos convencidos de que la continuación de los excesos en Ucrania puede convertirse en una seria amenaza para la paz y seguridad regionales», dice el texto que la cancillería presentó al presidente ruso, Vladimir Putin.

El llamado «Libro Blanco», de 80 páginas, destaca que la crisis en Ucrania puede «conducir a un agravamiento de los conflictos y contradicciones étnicas y nacionales en Ucrania y en Europa».

«Los culpables deben recibir un merecido castigo. De lo contrario, los extremistas de todo signo recibirá una peligrosa señal alentadora», apunta.

Rusia, según un despacho de la agencias de noticias EFE, llama a los organismos internacionales a investigar de manera objetiva y no politizada «las numerosas violaciones de los derechos humanos y del principio del imperio de la ley en Ucrania».

«La historia del siglo XX ha ofrecido trágicas lecciones que ignorar no sólo sería irresponsable, sino criminal. El Libro Blanco es un aviso para aquellos que lo han olvidado», señala.

El documento arremetió contra aquellos que, debido a intereses particulares y bajo la tapadera de una «demagogia democrática», condenan a la población multiétnica ucraniana al extremismo, las arbitrariedades y una crisis de identidad nacional.

En el primer capítulo critica las arbitrariedades cometidas por la oposición durante los disturbios antigubernamentales entre noviembre de 2013 y el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich, el pasado 22 de febrero.

En otros capítulos se tacha de injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano las declaraciones públicas realizadas por políticos occidentales, en su mayoría europeos, a favor del movimiento de protesta contra Yanukovich.

Además, se alude a los brotes de xenofobia por parte de los ultranacionalistas ucranianos, a la discriminación por motivos lingüísticos, religiosos y étnicos, y a la violación de la libertad de expresión y la censura.

Rusia llamó el domingo a la comunidad internacional a presionar a Kiev para que renuncie al uso de la violencia en el sureste del país, donde las autoridades ucranianas se proponen continuar la operación de castigo contra los bastiones pro rusos.

El Kremlin acusó a Kiev de «tener las manos manchadas de sangre» y de quemar vivos a civiles desarmados tras la muerte el viernes en Odessa de unas 40 personas, en su gran mayoría pro rusos, en el incendio que se declaró en la Casa de los Sindicatos de Odessa, la tercera ciudad ucraniana ubicada sobre el mar Negro.

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