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Un millar de fieles católicos, en una misa en el Parque Urquiza

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Un millar de peregrinos llegaron desde el interior de la provincia y desde distintas parroquias de la ciudad a la rotonda del Monumento a Justo José de Urquiza.
Allí se celebró la misa de clausura del Año de la Fe que convocó el papa retirado Benedicto XVI, en octubre del año pasado, al conmemorarse 50 años del Concilio Vaticano II. La acción fue continuada por el papa Francisco con el fin de instaurar “un tiempo de gracia y de compromiso para una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo”, según resumió la idea en su homilía el arzobispo de Paraná, monseñor Juan Puiggari.
Los distintos decanatos de la arquidiócesis fueron arribando al parque por calle Alameda de la Federación. Jóvenes, ancianos, niños, llevando las imágenes de las distintas parroquias, capillas e instituciones escolares religiosas de cada zona de la ciudad.
Mientras, en el escenario montado al pie del monumento, dos mujeres se encargaron de amenizar la lenta espera de los peregrinos, narrando las historias de cada parroquia, mencionado a los religiosos destacados de cada zona, poniendo de relieve el accionar educativo de cada escuela e intercalando con la actuación de un coro.
De a poco, uno tras otro, se fueron ordenando en el paseo público los fieles de los cuatro decanatos de la capital entrerriana y también de una decena de localidades del interior que se nuclean en los decanatos Diamante, Nogoyá, La Paz, Hasenkamp y Villaguay.
Con banderas papales, carteles con mensajes del papa Francisco, fueron arribando al lugar. La columna más ruidosa fue la de decenas de niños de Paraná y del interior que encabezaron el grupo con un inmenso letrero que rezaba: “Quiero lío. Quiero que se salga afuera. Que la iglesia salga a las calles”, se invocó la expresión de Jorge Bergoglio. Y el mensaje fue interpretado por los chicos con una presencia activa, con cánticos, sombreros flúo, muñecos gigantes y redoblantes.
Vaticano. “Tenemos la certeza que a pesar de nuestras limitaciones, y por pura gracia de Dios, ha sido realmente un tiempo de gracia maravilloso para nuestra Iglesia. El señor nos ha hecho experimentar y asombrar por su presencia en la historia de la salvación, como padre bueno y providente. Nos sorprendió y conmovió la renuncia inesperada de Benedicto XVI. El tiempo nos hizo comprender la grandeza, fortaleza y humildad de nuestro querido Papa Emérito que nos decía con convicción: ‘Siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya y no la dejará hundirse. Es él quien la conduce, por supuesto, a través de los hombres que ha elegido. Esta es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por ello que mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios, porque no le falta a toda la Iglesia, ni a mí, su consuelo, su luz y su amor’. Fue un momento que tuvimos que aferrarnos a la fe con la certeza que Jesús conduce la barca de Pedro”, dijo Puiggari sintetizando lo que fueron los últimos tiempos para la iglesia, con la renuncia de Joseph Ratzinger y la llegada de un papa argentino.
“Nos volvió a sorprender con la elección del papa Francisco, Dios tiene caminos insospechados. Nos bendijo como pueblo argentino al elegir uno de los nuestros, nos bendijo como iglesia al regalarnos un nuevo sucesor de Pedro que con su lenguaje directo y sus gestos evangélicos nos invitaba a todos a salir a anunciar el evangelio a las periferias existenciales”, destacó y mencionó “la explosión de fe juvenil” que llegó de la mano de Bergoglio al expresar “el deseo de hacer lío al anunciar a Jesucristo sin miedos y con pasión”.

Cristianos
“Nos hemos sentido urgidos a vivir con coherencia nuestra fe dando un testimonio que debe manifestarse en nuestra vida pública: que se note que somos creyentes, no haciendo ostentación sino con la sencillez y la humildad que corresponde a un verdadero cristiano. El mundo necesita testimonio creíble de los creyentes”, remarcó el arzobispo.
“Vivimos momentos difíciles –advirtió- El secularismo ha ocultado la necesidad de Dios. No podemos ser meros espectadores, no nos podemos cruzar los brazos, ni silenciar lo que hemos recibido. No podemos callar, pero sólo podremos hablar si creemos. Y hablar sin complejos, ni temores, con sencillez ilusionada y entusiasmo vigoroso, con audacia apostólica y con inmenso amor hacia todos”, aseveró Puiggari.

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